Este artículo me ha parecido muy interesante
porque habla y describe muy bien el autoconcepto y lo desarrolla en niños de 4
a 6 años.
Desde nuestro nacimiento, hacemos un largo camino
en nuestro desarrollo que conlleva a un proceso evolutivo y dinámico, que va
cambiando a lo largo de la vida hasta que llegamos a la edad adulta, que
normalmente se estabiliza.
Comenta que el autoconcepto en los primeros años
de vida tiene una gran influencia en el desarrollo social y emocional de la
persona.
El autoconcepto tiende a regularse gracias a la
continua revisión y evaluación que la persona hace de sus actos y capacidades.
Además, los cambios sociales, el estado
motivacional y el afectivo en que se encuentra la persona son un pilar para la configuración
del autoconcepto, afectando a cambios temporales en su autoestima, emociones,
pensamiento y acción.
Una de las características que aparece en el
texto y quiero destacar, es que la construcción del autoconcepto va ligada,
sigue las mismas leyes que la construcción de la inteligencia. La percepción de
sí mismo está ligada al carácter preoperatorio de su pensamiento.
Resumiendo un poco
el artículo, comenta que sobre los tres años adquieren ya el conocimiento de sí
mismos, sobre los cuatro años según Harter, los intentos de autodefinición son
las completos y sobre los cinco y seis años se empieza a relacionar un aspecto
de sí mismo con otro, es decir las conexiones lógicas entre la imagen de sí
mismo. Aunque la autoestima en esta etapa última etapa que se comenta no está
basada en una apreciación real de las capacidades o rasgos personales, sino que
tiende a ser global e influenciada por los juicios que sobre ellos hacen los
adultos.
Es muy importante
brindar al niño en esta etapa, la seguridad necesaria para que pueda confiar y
creer que posee la capacidad para lograr un buen desempeño y construya
expectativas de autoeficacia positivas que le ayuden a tener un buen concepto
de sí mismo.
Para finalizar,
comentar que también una parte muy importante a destacar es la importancia del
papel de maestras y familiares. Las experiencias afectivas con las personas
significativas, como el apoyo de los padres, familiares o maestros, constituyen
un factor determinante en la valoración que el niño hace de su persona. En
estas edades, la autoestima general se fundamenta en la valoración de los otros.
Por ello, lo más importante es que el niño tenga la seguridad y el apoyo
necesario para confiar y creer en su propia capacidad. La construcción de una
autoestima elevada se da como resultado de un alto apoyo social de otros
significativos y una baja discrepancia entre las capacidades que el niño cree
tener y su desempeño real, lo que le ayudará a construir expectativas de
autoeficacia positivas.
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